El ritual del éxito – Una historia de crecimiento

El ritual del exito

Afîf era un muchacho que había llegado a México desde su natal Líbano pasando por mil peripecias. No contaba con dinero y tampoco hablaba el español, sus únicas pertenencias consistían en la ropa que llevaba puesta y un papel que guardaba con celo.

La dirección de un antiguo comerciante a quien debía acudir al llegar a la ciudad.

[sam id=”4″ codes=”true”]Había decidido salir a la aventura en busca de un mejor futuro y a pesar de su corta edad, su determinación era impresionante.

Al llegar a la Ciudad de México, cansado y hambriento, pudo dar con el domicilio tras muchas dificultades. Su paisano le miró con cierto recelo. Estaba flaco y débil y no parecía contar con ninguna cualidad en particular.

[sam id=”1″ codes=”true”]Los primeros días de Afif fueron sumamente atareados. Trataba de aprender el idioma con rapidez y se convirtió en un verdadero adicto a la lectura, aprovechando los pocos minutos que tenía libres tras las duras jornadas.

A las pocas semanas el desgarbado joven hablaba con bastante solvencia el idioma y había logrado reunir un pequeño capital, fruto de una gran capacidad de ahorro.

“Dormía en la tienda y vestía la misma ropa cada día” – comentó alguna vez. “No tenía amigos ni vida social. Las pocas monedas que gastaba, las usaba para comprar libros usados que vendía un comerciante cercano a nosotros”.

La misma rutina diaria durante cinco años comenzaron a dar frutos. Afif, o “Poncho”, como le llamaban sus vecinos, vió la oportunidad de montar su propio negocio de telas, para lo cual arriesgó todo su capital.

Cada vez que enfrentaba un problema, algún contratiempo, Afif se refugiaba en la pequeña trastienda de su local y se sometía a un extraño ritual del exito, uno del cual regresaba invariablemente con el semblante relajado y una energía impresionante. Muchos pensaron que tal vez aquella conducta era realmente extraña y los rumores no tardaron en llegar.

Años mas tarde aquel libanés amable y enjundioso se veía a si mismo como uno de los hombres mas acaudalados del país. Su capacidad de trabajo, su talento para invertir su dinero y su extraordinario don de gentes, habían llevado a aquel maltrecho muchacho por el camino del éxito.

ritual del exitoUn día memorable, cuando celebraba su 25 aniversario de bodas, rodeado de sus hijos, nietos y amigos, un reportero que cubría la nota de sociales le preguntó:

“Señor, podría compartir con nuestros lectores, ¿cuál ha sido la clave de su éxito? Afif le miró seriamente, algunos invitados cercanos a la escena se sintieron incómodos ante el silencio del empresario, pero este, con un gesto solemne contestó con voz llena de emoción:

“La noche anterior a embararme rumbo a América, mi abuelo me llamó a su lado y me dió el regalo mas preciado que un hombre pueda recibir; me entregó el ritual del éxito“. Todos permanecieron callados, atentos, invitando al relator a continuar.

“Cada vez que usted enfrente un problema, un desafío. Cada vez que usted sienta que las cosas están difíciles debe realizar este ritual” – rememoró Afif. “Vaya a un lugar donde nadie lo vea. Párese firme. Incline su cuerpo un poco de modo que sus nalgas queden un poco salidas. Una vez que esté en esa posición, mueva el trasero”.

Todos quedaron perplejos. No sabían si reir a carcajadas o mantener la solemnidad. Entonces Afif, al notar la confusión elevó la voz para que todos le escucharan:

¡ Cada vez que la cosa se ponga brava, levántese y mueva el trasero. Solo así resuelve usted su problema !

Todos celebraron la ocurrencia con estruendosas carcajadas y elevaron sus copas para ofrecer un brindis por el abuelo de su anfitrión

Aquel reportero mantenía clavada su mirada en su entrevistado. Posiblemente fué el único de los presentes que había comprendido perfectamente la lección. El ritual del éxito se convirtió en parte de el.

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