Propósitos para 2016

Esta vez quiero empezar el año bien y entre mis propósitos para 2016 se encuentra el de mantener actualizado este blog.

He pensado en escribir mil cosas diferentes, pero al final, las ideas se niegan a mostrarse con nitidez.  Por eso, qué mejor que traer a tu atención un excelente artículo que he encontrado y que dice, básicamente, lo que yo he tratado de expresar.

Te comparto este excelente artículo y un video que te marcará seguramente.

[sam id=”4″ codes=”true”]Propósitos para 2016: cómo dejar de autoengañarse

  • FRANCISCO MASSE
  • @fcomasse

¿De verdad nuestra vida será mejor este año si enunciamos nuestros propósitos o sólo es un método anual de autoengaño?

propósitos para 2016Todos lo vivimos. Y, si me apura, lo seguimos viviendo el día de hoy: nuestros muros de Facebook y nuestros TL de Twitter, plagados de buenos deseos —algunos repetitivos y convencionales, otros un poco más creativos o novedosos—, de propósitos por cumplir —un día de los trescientos sesenta y tantos que le restan al naciente 2016: hay tiempo de sobra—, y de memes, muchos memes con supuestos consejos, máximas y listados de cosas por hacer —o por dejar de hacer— para, ahora sí, llevar una vida sana, ordenada, organizada, ahora sí con objetivos claros y plausibles, llena de gente luminosa, inteligente, sana y contenta, con la que, ahora sí, estableceremos relaciones estables, duraderas, basadas en el entendimiento, el cariño, el respeto y el mutuo crecimiento, para que nuestros días transcurran felices, plenos y placenteros, hasta el día que cerremos los ojos y miremos por última vez este valle de lágrimas. Así sea.

Hay otras gentes —sí, es correcta esta frase— que tienen a bien compartirnos un resumen de sus logros alcanzados en el año que muere, o bien son honestos y hacen un recuento de su existencia y lo que de ella aprendieron, o incluso quienes alardean un poco pasando lista a los libros que leyeron, a las películas que vieron o, incluso, a las parejas que tuvieron en el año. A estos entes, dejémoslo en paz por ahora.

Regreso al tema: es un hecho bien sabido que los hombres y las mujeres que habitamos esta porción de tierra en estos momentos históricos y sociales, somos un grupo bastante desmemoriado.

Porque bastaría contrastar los propósitos con los logros, un año después, para darnos cuenta de que este ejercicio es por demás inútil en casi todos los casos. Pues ni todo sale como lo planeamos —muchas veces porque nuestros planes son más fantasía que estrategia y acción, y otras por circunstancias ajenas a nuestro control—, ni la gente sigue el camino que le trazamos mentalmente, de modo que al final del año, cuando se vuelve a hacer un balance, resulta que seguimos cargando con aquello que nos parecía insoportable en enero, o bien pudimos resolverlo de una manera que nunca estuvo prevista.

Entonces, ¿qué sentido tiene la tradición de enunciar los propósitos de Año Nuevo?

No lo sé de cierto, pero me parece que una parte de ello obedece a la necesidad de aprobación, pues una “buena persona” tiene el firme propósito de superarse y ser mejor cada año, y si lo enuncia de forma pública exhibe su compromiso para con el futuro y se hace de un poco de prestigio ante su sociedad; pero otra parte, y esto es lo que me ocupa en esta ocasión, tiene mucho que ver con el autoengaño.

lospropo16Es decir, con el “ahora sí”. Ahora sí bajo de peso, ahora sí consigo un buen novio, ahora sí hago ejercicio, ahora sí voy a dejar de ser tan neurótico —o dramática, o perezoso, o infiel, o borracho, o glotona, o lo que usted quiera poner aquí—, ahora sí termino mi relación destructiva, ahora sí me salgo de casa de mis papás, ahora sí me busco un trabajo mejor, ahora sí echo a andar el negocio, ahora sí dejo a este marido borracho o a esta esposa tóxica, ahora sí. En resumen: ahora sí va a suceder eso que me hará feliz.

Pero un paraíso sin el mapa para llegar a él no es sino una fantasía, y así se nos va el año, fantaseando, imaginando cómo será nuestra vida cuando “eso” que impide que seamos felices se aparte del camino —ya sea nuestra gordura, nuestra pobreza, nuestra inconstancia, nuestra soledad, nuestro jefe malvado o nuestra nariz chueca—, llenando todos los días nuestras redes sociales de “decretos”, de frases motivacionales —simplistas, cursis, llenas de lugares comunes y falacias lógicas— y de frases hechas como “Con todo” o “A darle”.

Y creemos que así eso que esperamos sucederá. Y a veces sucede. Pero casi siempre llegamos al 1 de enero pensando en cuáles serán nuestros propósitos para el año entrante, y no cuestionándonos en qué medida cumplimos nuestros objetivos del año pasado. La razón: porque ni siquiera nos acordamos de ellos, pues no eran propósitos reales sino fantasías que se fueron disolviendo y su impulso no llegó ni a la primavera.

Cuando me di cuenta de lo que acabo de explicarle, dejé esa tontería de los propósitos. Pero eso sí, si alguien me preguntara con sinceridad si podría darle tres consejos para que este año sea mejor que el anterior, yo con humildad le diría lo siguiente:

1. HÁGASE RESPONSABLE.
Hay cosas que están fuera del control de los humanos, pero una gran parte de lo que no nos gusta de nuestras vidas tiene que ver con nuestras propias elecciones. Así que no espere que las cosas sucedan o dejen de suceder, como si usted fuera una víctima de la realidad y de las cosas que suceden en ella.

En otras palabras, un terremoto o un encuentro fortuito con una persona que cambia nuestras vidas, suceden; un novio violento o una novia celópata, así como nuestra propia violencia y nuestros celos, los elegimos. Aunque sea a un nivel inconsciente, pero los elegimos.

Así que es mejor hacerse responsable de todo aquello que resulta de nuestras propias decisiones, y deje de culpar a la vida, a la Tierra, a Dios, a sus padres, a su pareja, a sus jefes, a sus clientes, a sus amigos, a sus hijos o a su pasado de lo que le sucede.

[sam id=”1″ codes=”true”]Nadie va a venir a rescatarlo y, si le rasca lo suficiente y es honesto con usted mismo, verá que todo empieza con una decisión que usted tomó.

Pero no se flagele ni se eche la culpa, que de nada sirve; sólo asúmalo. Porque así empieza uno a entender que si la realidad como está es la suma de todas nuestras decisiones —entre ellas, el dejar que alguien más decida por nosotros—, al empezar uno a tomar decisiones propias y distintas, esa realidad empieza a cambiar.

2. BUSQUE LAS CAUSAS ANTES DE ATACAR LAS CONSECUENCIAS.
Decir que uno va a bajar cinco o diez kilos, o los que sean, es un buen propósito —y uno de los más socorridos al principio de año, en especial después de los excesos de las fiestas— si uno exhibe unos coquetos rollos de grasa en la cintura; pero si uno le piensa un poco más, podría preguntarse: ¿por qué tengo cinco o diez kilos, o los que sean, de sobrepeso?

Entonces, casi siempre, uno enlistará las mismas causas físicas: vida sedentaria, malos hábitos de alimentación —comer por gula y no por hambre, demasiadas grasas, harinas no integrales, alimentos procesados, embutidos, azúcares refinadas, etcétera— inculcados desde la niñez y reforzados a lo largo de la vida, estrés y fatiga crónicos y, en menor medida, factores genéticos. Entonces, para atacar la consecuencia, ataque la causa: cambie su alimentación y su estilo de vida.

Y yendo más allá, si usted se pregunta por qué siente esa necesidad de comer más allá de la sana sensación de saciedad, quizá halle que sus decisiones han hecho que su vida sea tan estéril que la única fuente de placer real que tiene a la mano es ese pastel de triple chocolate bañado en jarabe y con trozos de chocolate macizo que le coquetea desde el aparador.

O bien, quizá padezca ansiedad y coma por impulso, o quizá sus rollitos de grasa estén formando una barrera ante un mundo exterior que le parece inmanejable, o tal vez —como me sucedió a mí— se esté aferrando a una equivocada idea de que sólo la gente vanidosa y frívola se preocupa por su aspecto físico —lo sigo pensando, pero ahí está el twist filosófico del mens sana in corpore sano—; como sea, si descubre que tiene ideas fijas o “atorones” psicológicos que le impiden tomar decisiones convenientes para usted en sus relaciones o los demás aspectos de su vida, y simplemente éstos lo rebasan y se siente en una espiral, no lo dude: busque ayuda profesional y hágase un check-up psicológico, a ver cómo andan sus niveles de ansiedad, depresión, manías, autoestima, traumas infantiles, represión, etc.

3. DEJE DE VERBALIZAR Y DECRETAR, Y ACTÚE.
Una de las leyes de la física dice que la matería y la energía no se crean ni se destruyen, y solamente se transforman. Si lo piensa a nivel cósmico, y la teoría del Big Bang es cierta, en efecto todo lo que sucede a nuestro alrededor tiene que ver con cambios físicos y químicos de la materia y la energía, desde el intercambio de moléculas entre dos seres humanos durante un beso —con la consecuente secreción de enzimas en el cerebro que hacen que los dos tontos se enamoren— hasta la luz del Sol que nos permite vivir.

Pero nuestras falacias posmodernas nos han hecho olvidar esta sencilla premisa, bajo una cómoda y —creo yo— equivocada interpretación de la idea de que “si uno lo piensa con suficiente fuerza, la realidad cambia”.

2016Ilustro esta idea con el mismo ejemplo: si uno decide que quiere bajar los ocho kilos de coquetas lonjas que penden orondas en nuestra cintura, hay que aplicar la ciencia y no la metafísica; en otras palabras, en lugar de visualizarse con una cintura como la de Thalía, hay que programar cantidad de energía que uno ingresará en forma de comida a nuestro organismo y la cantidad de energía que uno consumirá en forma de trabajo muscular, la cual debe ser notoriamente superior a la energía ingresada para que el cuerpo empiece a consumir las reservas de energía que se asoman a los lados cuando se pone sus jeans a la cadera —hasta donde sé, caminar 20 minutos es como pagar el mínimo en la tarjeta de crédito: una sutil y nociva forma de autoengañarse y postergar la solución real.

Deje el sillón donde cómodamente hace clic y comparte memes, y párese a ejercer fuerzas para mover al mundo.

En otras palabras, si quiere que el Universo empiece a moverse, hágale más caso a Newton —y menos a Osho— y ejerza fuerzas reales, medibles y concretas en direcciones determinadas. Lo mismo aplica si sus objetivos son conseguir más clientes, hallar un nuevo empleo, remozar la casa o hallar pareja. Deje el sillón donde cómodamente hace clic y comparte memes, y párese a ejercer fuerzas para mover al mundo. Al principio, como sucede con los autos, le costará trabajo abandonar el estado de reposo. Pero meta primera, aunque sea sin ganas, pase a segunda y verá cómo la inercia de su propia energía empieza a darle ímpetu y el movimiento es cada día más fácil.

Aprovéchelo y sígase, en tercera o cuarta o hasta quinta, en lugar de estar forcejeando contra usted mismo todo el tiempo. Si no le gusta el camino en que va, tome otro; y si no sabe a dónde ir, frene, recapitule, tome una decisión y, ahora sí, arranque. Su energía es renovable pero finita: no la ande desperdiciando.

Ya para rematar, le deseo que tenga usted un feliz y próspero 2016, y que tenga la claridad y la voluntad para que eso suceda. Pero, como siempre digo, eso ya es otro cantar…

Video: propósitos para 2016

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